Preguntas frecuentes

Un/a psicólogo/a es un/a profesional que se ha licenciado o graduado en Psicología y que ha adquirido unos conocimientos fundamentales sobre las diferentes ramas de la misma. Un/a psicólogo/a clínico/a es un especialista que se ha formado tras el graduado en el comportamiento humano a través de un máster o el PIR. Esta formación le dota de conocimientos, metodologías y herramientas que ayudan a las personas a mejorar su bienestar emocional y su calidad de vida a través de la terapia.

Al igual que las personas adultas pueden encontrarse con problemas cognitivos, conductuales o emocionales que les causen malestar en su día a día, los niños, las niñas y los adolescentes también pueden pasar por ello en las diferentes etapas del desarrollo.

Un especialista en psicología clínica infanto-juvenil, se ha formadora en concreto en las diferentes etapas de la infancia y de la adolescencia y puede ayudar a los/as niños/as y a adolescentes a gestionar sus emociones, controlar los impulsos o conductas disruptivas, mejorar su autoestima y cualquier necesidad para mejorar su bienestar psicológico. Así mismo, también trabaja con las familias para ayudar a los/as hijos/as en este proceso y/o les dota de herramientas para poder llevar en casa un buen estilo de crianza (aprender a poner normas y límites, enseñar inteligencia emocional, mejorar la comunicación…)

Acudir a un especialista para trabajar cualquiera de estos temas no es un fracaso como padre o madre si no un valiente paso para mejorar en esta difícil tarea.

Cuando una persona acude a terapia, la mayoría de las veces es porque se enfrenta a un problema que le está generando un malestar psicológico y para el cual ya no encuentra herramientas de afrontación.

En las sesiones de terapia, se pretende encontrar el origen de dicho problema a través de la evaluación psicológica. En ocasiones, este puede estar muy identificado, como puede ser acudir por un duelo o una fobia (hablar en público, miedo a volar…) o se debe indagar más para encontrar la raíz del problema, como por ejemplo una persona que acuda a terapia por problemas de ansiedad sin saber el origen de estos o presente un trastorno psicológico que deba ser diagnosticado (depresión, agorafobia, TOC…)

Lo mismo ocurre, cuando hablamos de terapia infanto-juvenil.  La mayoría de las familias acuden a terapia porque encuentran cambios en el comportamiento y/o estado de ánimo de sus hijos/as, conductas disruptivas, fases del desarrollo atípicas… o simplemente en la familia existe un problema de confianza y comunicación, de estilo de crianza, …

En todos estos casos, la labor del psicólogo o de la psicóloga será realizar una evaluación psicológica para detectar las necesidades del/ de la paciente, informar a la persona y/o a la familia de la raíz del problema o del trastorno que padece y empezar el tratamiento para poder ofrecer al / a la paciente una mejor calidad de vida. 

Para ello, se utilizan diferentes técnicas, pero la principal es la reestructuración cognitiva. Esta consiste en la detección de los pensamientos que están llevando a la persona a tener emociones negativas, miedos, conductas desadaptativas o incluso un impedimento para llevar a cabo el día a día. Por ejemplo, un/a paciente con miedo a hablar en público, se estará generando pensamientos negativos de anticipación: “Me va a salir mal”, “Todo el mundo se reirá”, “No sirvo para esto” … que podrán generar en él/ ella una sensación de inseguridad que le lleve a realizar finalmente mal la presentación o incluso a evitarla.

Mediante la restructuración, se pretende localizar estos pensamientos o filosofía de vida y cambiarlos, es decir, entrenar el cerebro para poder pararlos y tener pensamientos más adaptados a la realidad. A veces nuestro cerebro, es nuestro mayor enemigo.

Por tanto, la terapia cognitivo-conductual consiste en una rehabilitación y entrenamiento del cerebro para que la persona piense de manera más sana.

Además de esto, el/la terapeuta dará al/ a la paciente herramientas útiles para calmar los síntomas que pueda estar sufriendo como puede ser ejercicios de respiración y relajación muscular, registro de conductas y pensamientos para ser consciente de ello, técnicas como para del pensamiento, reconocimiento, expresión y control de las emociones…

 

En definitiva, se trabaja para poder dotar al paciente de técnicas que le harán consciente de sus dificultades, paliarán los síntomas y/o ayudarán a sobrellevar situaciones dolorosas (duelo, enfermedades, estrés postraumático…) e irán entrenando a su cerebro para poder salir de la situación de malestar e indefensión a la que han podido llegar siendo el/la psicólogo/a un guía en todo este proceso.

Cuando sentimos algún malestar físico que no podemos controlar o del cuál  no conocemos el origen, no dudamos en ir a al médico para que nos hagan un tratamiento y dicho dolor desaparezca. Sin embargo, no tenemos tan interiorizado esta opción cuando el malestar que sentimos es psicológico y el/la profesional es un/a psicólogo/a. 

Es importante acudir a terapia y perder el estigma que esté puede tener cuando pasamos por una situación que no podemos controlar o no encontramos las herramientas para gestionarlo, ya sean conductas, pensamientos o emociones, cuando está afectando de manera directa a nuestra vida diaria o simplemente cuando sentimos malestar psicológico que no nos permite llevar una vida plena. Debemos pensar que la figura del/ de la psicólogo/a como un apoyo y guía que nos acompañará en el proceso y dará herramientas para ganar calidad de vida. 

Buscar ayuda profesional cuando la necesitamos no debería ser un tabú

Dentro de las diferencias individuales de cada persona, tenemos que tener en cuenta las características propias de cada caso: cuál es el problema en sí, sus causas, lo arraigado que está, los puntos de apoyo del/ de la paciente fuera de terapia, la predisposición a cambiarlo, la capacidad de aprendizaje, la manera en la que cada paciente reacciona al proceso terapéutico... Todos estos factores, influyen en que el numero de sesiones de terapia varíe para cada individuo y no se pueda establecer un número fijo de sesiones. 

Desde Imagina Bienestar, trabajamos con la terapia cognitivo-conductual porque está demostrado que es la terapia más efectiva, ya que consigue entrenar el cerebro para los cambios que queremos conseguir en el menor tiempo posible y con los mejores resultados a largo plazo. 

Tampoco debemos olvidar, que para que este entrenamiento de sus frutos, el/la paciente debe seguir de manera constante y con motivación las pautas que el/la profesional le dé. De lo contrario, se ralentizará el proceso de cambio y por ende la terapia será más larga en el tiempo. 

Para alcanzar un cambio, este debe  ser deseado. El primer paso para acudir a terapia es admitir que queremos realizar un cambio en nuestra vida para mejorarla, y una vez que hemos aceptado esto y que necesitamos ayuda de un profesional hemos conseguido avanzar bastante en el proceso, aunque aún no haya empezado. No obstante, una vez en la terapia, debemos mantener una mente abierta y con pensamiento positivo, pensando que vamos a conseguir dicho cambio y que las herramientas que nos están proporcionando ayudarán a ello, siendo un proceso de más o menos tiempo dependiendo del/ de la paciente y de la situación. No podemos esperar un cambio inmediato, pero si apreciar esas pequeñas mejoras del proceso. Dicho de otra manera, es como empezar una dieta. Si queremos perder peso, esto llevara un tiempo. Si llevamos una semana comiendo pollo a la plancha y verduras y realizando ejercicio, no vamos a perder todos los kilos que queremos, pero estaremos yendo por el buen camino. Es importante no acudir a terapia con ideas negativas como “esto no sirve para nada, estoy tirando tiempo y dinero” porque actitudes negativas harán menos efectiva la terapia.

En Imagina Bienestar queremos ser un apoyo y una guía en el proceso de cambio para mejorar tu bienestar o el de tus hijos/as, facilitándote herramientas que ayuden a este proceso y que sirvan para mantener dicho bienestar una vez finalizado el tratamiento. En otras palabras, queremos hacerte autosuficiente en la búsqueda de tu bienestar y el de los tuyos.

Para ello, seguimos una terapia cognitivo-conductual pues está demostrado científicamente que es el modelo que mejores resultados proporciona a corto y largo plazo, produciendo un cambio real en aquello que queremos conseguir.

Para ello, realizaremos una serie de procesos que ayude a valorar los trastornos o déficits cognitivos, conductuales o emocionales que se deben mejorar para alcanzar el estado de bienestar deseado. Estos procesos incluyen la evaluación, la explicación e la hipótesis, el tratamiento, reestructuración cognitiva, seguimiento…